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El viaje de dos amigas: La Guri’ y Viena Ruiz

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Durante 17 días Claudia Gurisatti y Viena Ruiz celebraron la vida y su amistad, con un viaje que empezó por Barcelona, siguió en Cadaqués, un lindo puerto de pescadores en España, y continuó en Estambul y Capadocia.
Durante 17 días Claudia Gurisatti y Viena Ruiz celebraron la vida y su amistad. Foto: Archivo Particular.
Por: 30/8/2010 00:00:00
Conocieron, aprendieron y regresaron felices y renovadas. Próximo destino: Manila.

Este viaje se gestó por casualidad, una noche de rumba, un viernes, cuando Claudia Gurisatti y Viena Ruiz se encontraron en el bar de Leo Espinoza, para tomarse unas copas y conversar. Guri, acababa de encontrar a su príncipe azul, Antonio García, el ex cónsul adjunto de la Embajada de España en Colombia, y Viena, tenía muchas cosas que contarle sobre la fiesta de su próximo matrimonio con el economista Juan Carlos Ortiz. Brindaron por la felicidad con martinis de corozo y llegaron a la conclusión de que había que celebrar de una manera inolvidable. Con un viaje lejos, donde se comiera distinto y se hablara un idioma desconocido. Así llegaron a Turquía, no sin antes hacer algunas paradas.

Un mes más tarde, Hanna Srour, la hija de Guri, viajaba adonde sus abuelos, y los trillizos de Viena, Luciana, Nicolás y Camilo, se iban a pasar unos días con su padre. Y las dos periodistas aterrizaron en Barcelona, con unas ganas enormes de vivir la ciudad, en compañía de Esteban Jaramillo y su novia Lina Leal, quienes llegaron de Londres para encontrarse con ellas.

La primera noche cenaron en Torre de Mar, una torre altísima con vista de 360 grados sobre toda la ciudad, comieron pescado, tomaron vino y saborearon por primera vez en este viaje la sazón española, las gambas y las anchoas.

El segundo día se encontraron con otros viejos amigos, Sancho Obregón y su esposa Gloria Alarcón, quienes las habían invitado a su casa en Cadaqués, un hermoso pueblo pesquero de calles empedradas y casas blancas, a dos horas en carro de Barcelona, donde Dalí vivía y pintaba, y donde la familia Obregón ha pasado sus vacaciones desde hace cuarenta años.

Allá fue a parar Antonio, el novio de Claudia, quien pasaba unos días en España, mientras viajaba a Manila, a donde fue trasladado por el gobierno de su país. Los dos tienen fe en su relación a distancia y no consideraron que esta fuera una despedida, sino más bien el comienzo de una profunda y larga historia de amor.
 
¡Vea aquí las fotos de este viaje!

Ocho días después, Guri y Viena tomaban un avión de Turquish Airlines a Estambul, que desde Barcelona se toma dos horas y 50 minutos en llegar.

Ya habían estudiado la ciudad. De hecho, era la segunda vez que Viena visitaba a Estambul, y se había enamorado de esa mezcla oriental y occidental que se respira en la arquitectura, en la comida y en la cultura. Sabía, y de hecho se lo advirtió a su amiga, que era mejor ir con los hombros cubiertos a cualquier lugar, sobre todo aquellos con connotaciones religiosas. Pero el calor de más de cuarenta grados en este verano fue insoportable y, a pesar de que la mayoría de musulmanas siguen usando el hijab, el resto de mujeres en Estambul llevaban vestidos de tiritas, shorts y hasta con escotes.

De día visitaban el Centro Histórico: la Mezquita del Sultán Ahmed o Mezquita Azul, donde empiezan los cantos de los almuédanos que llaman a orar cinco veces al día y sus voces se unen en un eco místico a través de todo Estambul; la mezquita de Haya Sofía o Santa Sofía, que una vez fue iglesia y contiene en sí la historia de esta ciudad, alguna vez dominada por cristianos y después por musulmanes; el Palacio de Topkapi, que fue la casa de los sultanes durante el Imperio Otomano y donde todavía se conservan sus joyas, sus tesoros de guerra y sus herencias. En ese barrio también está el viejo hipódromo y la Cisterna de la Basílica que es subterránea y fue construida porque sus gobernantes siempre tuvieron el temor de quedarse sin agua.

Impregnadas de historia, impresionadas, contagiadas del sabor turco se iban en las tardes al Gran Bazar, un enorme mercado donde se venden toda clase de joyas, especias, alfombras y artesanías de la región. Los vendedores pensaban que eran artistas de Hollywood, y se lo decían, cuando caminaban por los pasillos, invitándolas a comprar con la intensidad propia de los buenos comerciantes.

También vivieron la Turquía nocturna: en el Club Reina, con el Bósforo a sus pies, comieron cordero, berenjenas, tomates; bebieron rake, un trago anisado con olor a aguardiente, y bailaron con la música de las discotecas de Estambul, que tiene un mezcla fascinante de Oriente y Occidente. En fin, la conclusión de ambas es que las noches en Estambul no tiene nada que envidiarles a las de las grandes capitales del mundo: es exótica, fuera de lo común y glamurosa.

El último destino fue Capadocia, en el corazón de Turquía. Un extraño lugar con una composición geológica que es única en el mundo. Las rocas formadas por explosiones volcánicas tienen formas curiosas, algunas casi humanas, que sorprendieron y enamoraron a las periodistas, especialmente porque pueden excavarse y ahí dentro vivieron y aún viven muchos nativos porque tienen la particularidad de conservar la misma temperatura en verano que en invierno.

En Capadocia visitaron a la ciudad subterránea y a las iglesias que los antiguos cristianos construyeron entre las rocas para practicar sus ceremonias a salvo de las persecuciones. Después, recorrieron la región en globo, para volver a Madrid, con el alma renovada y seguir con sus planes y proyectos. El próximo destino de estas buenas amigas será Manila.
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