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El escándalo de la pobre viejecita

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Entérese aquí de todos los detalles de la historia de Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Francia, y el vividor que enfrenta un juicio por aprovecharse de la senil multimillonaria.
Liliane Bettencourt, de 87 años, posee 20 mil millones de euros, la fortuna número 17 del mundo, según Forbes. Tiene el control de L’Oréal y de otras 23 marcas de renombre. Foto: AFP.
Por: 23/7/2010 00:00:00
El juicio contra el vividor que se habría aprovechado de Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Francia, está que arde, debido a la aparición de unas grabaciones que sugieren que ella está senil y que habría evadido impuestos.

El juicio contra el vividor que se habría aprovechado de Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Francia, está que arde, debido a la aparición de unas grabaciones que sugieren que ella está senil y que evadió impuestos con la complicidad de hombres de confianza del presidente Sarkozy.

Hasta hace poco, Liliane Bettencourt era una millonaria en la sombra pese a ser la mujer más rica de Francia. Tener el control de L’Oréal, industria número uno de la cosmética, fundada por su padre Eugène Schueller en 1939, no le valía figurar en las revistas ni destacarse como una gran anfitriona, pues más bien era una señora de su casa, cuando no estaba dedicada a los negocios. Hoy, en un abrupto reverso del destino, está en todas las primeras planas de Europa y en especial, claro está, las de Francia, donde el enredo de sus millonarios regalos a un fotógrafo con fama de vividor, François Banier, ha dado pie a un escándalo de Estado que salpica al propio presidente Nicolas Sarkozy.

El lío ya era de marca mayor a mediados de junio, cuando Mediapart y Le Point destaparon unas grabaciones, realizadas secretamente por un mayordomo, de conversaciones entre la millonaria y su notario, su abogado y el gestor de su fortuna Patrice de Maistre. El material deja al descubierto las lagunas mentales de la mujer de 87 años, cómo dilapidó su fortuna, cómo era manipulada por Banier, y el descaro con que sus empleados se aprovechaban de su generosidad. A un chofer, por ejemplo, le dio un apartamento; a un escolta lo incluyó en su testamento, y al propio De Maistre le regaló un yate. Todos ellos, curiosamente, declararon a favor de Banier en la instrucción del juicio que se le adelanta.

El mayordomo, cuyo nombre permanece anónimo, le entregó los 28 discos de sus grabaciones a la hija única de la millonaria, Françoise Bettencourt Meyers, quien los convirtió en una prueba más contra Banier, en la querella judicial que le entabló por aprovecharse de la fragilidad mental de su madre para sacarle alrededor de mil millones de euros en seguros, obras de arte, dinero y finca raíz. Filtradas a los medios a través de la Policía, las escuchas abrieron una caja de Pandora, días antes del inicio del juicio a Banier el 1 de julio.

En una charla con su notario, por ejemplo, la millonaria no se acuerda de que ha nombrado legatario universal de su fortuna personal a Banier, lo que, acto seguido, ordena revertir. Ella misma menciona el carácter voluntarioso y agresivo de este hombre que no hace sino pedirle cosas y reconoce que al final siempre le da lo que quiere. Al respecto del proceso iniciado por su hija contra su protegido, De Maistre le dice que hay posibilidad de manipular las cosas, debido a que conoce bien al procurador y el presidente Sarkozy sigue muy de cerca el asunto, a favor de la millonaria, claro está, quien fue una generosa benefactora de su campaña presidencial.

Más sorprendente resultó el hecho de que la millonaria pasó de víctima a sospechosa de fraude: las escuchas ponen a la luz que, para evadir al fisco galo, su gestor trasladó a Singapur un par de cuentas por un total de 80 millones de euros que la millonaria ocultaba en Suiza. También quedó al descubierto el turbio caso de la isla de Arros, en las Seychelles, que Bettencourt puso a nombre de Banier, a través de una intrincada maroma financiera para ocultarla a las autoridades.

El asunto cobró repercusión política, ya que Bettencourt menciona en los discos que en varias de su actividades tuvo la ayuda de Eric Woerth, actual ministro de Trabajo y quien por la época de las grabaciones era ministro de Presupuesto. Su esposa Florence, para complicar más las cosas, trabajaba en Clymene, sociedad que administra la fortuna de la millonaria. Así, el Ministro es acusado por la oposición de encubrir la evasión fiscal de Bettencourt y de haber recibido plata por ello. Él niega los cargos, mientras que su mujer explica que su trabajo, al cual renunció por el escándalo, no implicaba saber todos los movimientos financieros de su jefe.

Y mientras que la intriga política pone a Francia al nivel de una república bananera, en la familia Bettencourt las cosas no están mejor. Liliane, quien no se habla con su hija, acusó a ésta ante las autoridades de estar detrás de las escuchas, lo cual, de ser comprobado, dijo su abogado, podría llevarla a revocar la herencia que ya le dio, conformada entre otras cosas por 185 millones de acciones de L’Oréal, que le dan asiento en el consejo de la empresa.

Ello desmiente la versión de que Françoise, virtuosa del piano y erudita, demandó a Banier para salvar su legado y, de hecho, ha anunciado que cuando le quite al fotógrafo lo que le dio su madre lo destinará a obras de caridad. En la que fue su primera declaración a la prensa, la heredera le contó a Le Figaro cómo, a comienzos de los 90, Banier dañó su cercana relación con su madre.

“Este hombre, mezcla de encanto y manipulación nos ha denigrado (a ella y a su esposo) ante mamá”, dijo, y agregó que ninguna humillación se le ha ahorrado, al punto de que se vio implorando como una extraña para que la dejaran entrar a la casa de su madre. En el 2007, tras la muerte de su padre André Bettencourt, a Françoise se le colmó la paciencia cuando supo que Liliane pretendía adoptar a Banier y resolvió iniciar el proceso que actualmente sigue su curso, y que promete poner a la luz nuevas recriminaciones.

Los abogados de Liliane, por ejemplo, expondrán cómo detrás de la querella de Françoise está su marido, Jean Pierre Meyers, quien querría quedarse con la presidencia de L’Oréal, para arreglar viejas cuentas con su suegra, quien nunca lo habría querido por ser judío.

En este culebrón a la francesa, así mismo, todavía falta descifrar la verdad sobre el real estado de salud mental de la millonaria, quien se rehusó al examen de medicina legal, y la verdadera naturaleza de sus relaciones con el playboy Banier: ¿es su amante? ¿lo ve como un hijo? ¿toleraba su esposo su infidelidad…?


Banier: cómo ser millonario sin ningún esfuerzo

El fotógrafo, escritor y pintor François-Marie Banier, hoy de 62 años, conoció a Liliane Bettencourt en 1987 y supo colarse en su vida de la misma manera en que lo hizo con celebridades de la talla de Carolina de Mónaco, Samuel Beckett, Picasso, François Mitterand, Johnny Depp, y muchos otros que terminaron siendo sus mecenas. Se dice que fue amante de Salvador Dalí, aunque también se comenta en París que a la hora de obtener buenos dividendos, no tiene escrúpulos en pasar por heterosexual para embaucar a ancianas ricas y solas.

Su cultura, apostura y finas maneras, también hicieron las delicias de Liliane Bettencourt, cuyo marido André era objeto de burlas por parte de Banier en su propia casa, según su hija Françoise. De su extraña relación con la viuda le queda un extraordinario botín que hoy estremece a Francia: pólizas de seguros por casi 700 millones de euros, obras de arte por 30 millones de euros, cheques por 53 millones de euros, una mansión en el sector más elegante de París y una isla en las Seychelles, entre otros regalos.
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