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El billonario de Facebook se las da de pobre

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Como bien lo insinúa la exitosa cinta sobre su vida, que llega el 26 de noviembre a Colombia, a Mark Zuckerberg no lo encandila la plata y lleva una vida muy austera, pese a ser el joven más rico del mundo.
Zuckerberg, de 26 años, nacido en una familia de clase media de Nueva York, hoy viste las mismas camisetas, pantalonetas y chanclas de cuando era un hacker sin sex-appeal de Harvard. En la foto, en Palo Alto con su novia Priscila Chan. Foto: The Grosby Group.
Por: 22/11/2010 00:00:00
En Red social, la cinta que cuenta cómo fundó a Facebook, varias veces sale a relucir lo poco atractiva que es para Zuckerberg la plata. En los alegatos con quienes lo acusan de robarles la idea de la Red, por ejemplo, él mismo lo expresa: “No me interesa el dinero, aunque podría comprar esta calle o convertir el Club Porcellian (una hermandad de Harvard donde no tenía opción de entrar antes de ser famoso) en una cancha de ping pong”. Y hasta uno de sus acusadores, su ex amigo Eduardo Saverin, reconoce que no es codicioso.

La cinta, hoy en los primeros lugares en la taquilla de más de veinte países, muestra cómo, tras hacerse rico, el niño genio de la informática, interpretado por Jesse Eisenberg, no se transforma en un dandy, sino que sigue vistiéndose con sus camisetas desteñidas, sus pantalonetas y sus eternas chancletas Adidas. Tampoco lo impresionan los lujos de los sitios chic a donde lo lleva su naciente fama, ni actúa como nuevo rico.

En ello, la película del director David Fincher, es fiel a la realidad. Seis años después de lanzar Facebook desde su cuarto de estudiante de Harvard, Zuckerberg exhibe un sencillo estilo de vida, bien extraño en quien acaba de ser proclamado por Forbes como el joven más acaudalado del mundo, con una fortuna de 25 mil millones de dólares.

Sin embargo, él no vive en una mansión, sino en una modesta casa en Palo Alto, California, donde tienen sede, además de Facebook, las empresas más grandes de tecnología de Silicon Valley, como Google o Yahoo!. La casa ni siquiera es de él, sino arrendada y, como se vio en un reciente reportaje del show de Oprah Winfrey, no hay nada en su interior que delate que allí vive un millonario. Los muebles son escasos y no hay cuadros ni cosas bonitas. El toque femenino brilla por su ausencia, aunque el empresario vive allí con su novia Priscila Chan.

Para transportarse, Zuckerberg tampoco es ostentoso. Anda en un Honda Fit, un carro muy económico, que él mismo tanquea en las gasolineras. Porque, a propósito, el joven más rico del globo no vive rodeado de un séquito de escoltas, secretarias ni sirvientes, sino que le gusta hacer él mismo sus cosas. No es raro verlo caminando por las calles de Palo Alto, invariablemente con sus T-shirts y sus chanclas, comprando sus víveres en los mercados campesinos.

Lo mismo pasa con las oficinas de Facebook. Allí, como lo han mostrado reportajes recientes, se respira una ambiente ajeno a la sofisticación y más bien evocador de la frescura estudiantil en donde se incubó la idea de la red social. Allí, es común ver al dueño trabajando sin zapatos, acostado con su laptop en el regazo o tratando a sus empleados de tú a tú. No en vano, en su perfil de Facebook, él cuenta que uno de sus intereses personales es el minimalismo, visible en su vestuario y en su residencia.

¿Por qué un millonario escoge la austeridad como estilo de vida? Para Nancy Gibbs, columnista de Time, la riqueza hoy implica un matrimonio entre deber y oportunidad: “Ahora que la revolución de la información ha acelerado la creación de riqueza (...) hay una nueva generación –desparpajada, creativa y locamente rica– lista para gastar más en los nuevos desafíos que en sí misma”. En otras palabras, con Zuckerberg queda atrás el millonario estilo Rockefeller, que contribuía con un teatro o una biblioteca, para darle paso a los magnates empeñados en solucionar problemas graves. Así como Bill Gates, el segundo billonario del mundo, pretende salvar a la humanidad de la malaria y la diarrea, el dueño de Facebook quiere atacar el problema de la educación. Por eso, acaba de donar 100 millones de dólares al maltrecho sistema escolar de Newark, Nueva Jersey.

Sus críticos dicen que fue en respuesta al golpe para su imagen que le ha traído el filme Red social, que muestra cómo fue acusado de traición y plagio por Saverin y los gemelos Winklevoss. Al respecto, Zuckerberg dice que le sorprende cómo él tiene cada camiseta con que aparece su personaje en la cinta. Pero desmiente que se haya inventado Facebook por despecho, para entrar en un club o para conocer mujeres, puntos centrales del argumento. Y opina que los realizadores de la cinta no conocen el proceso de pensamiento de Silicon Valley. “Ellos no entienden que alguien pueda construir algo porque le gusta hacer cosas”, dijo hace poco en la Universidad de Standford, cuyo auditorio le respondió con una sonora ovación.

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