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Carlos y Camilla, en problemas maritales

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El carácter quisquilloso del Príncipe inglés y el fastidio que su esposa siente por el protocolo, han desatado fuertes roces entre la pareja, al punto de que cada quien vive por su lado casi todo el tiempo.
La pareja real en su casa campestre de Llwynywermod, Gales. Ella no termina de acostumbrarse a ser de la realeza y prefiere las costumbres de una señora de clase media. Foto: Queen Internacional.
Por: 4/8/2010 00:00:00
La verdad detrás de un matrimonio por conveniencia.

El heredero del trono británico y su controvertida esposa prácticamente llevan vidas separadas. Así lo contaron al Daily Mail de Londres amigos y empleados de los dos, cuyas infidencias sugieren que éste, es un matrimonio bien raro.

Lo que despertó las suspicacias del Mail fue el hecho de que, tras romperse una pierna en un accidente, Camilla no pasara su recuperación en Highgrove, la casa de la pareja, para irse a Raymill House, su propia residencia. Al saberlo, no fueron pocos los que se preguntaron cómo una esposa deja el calor de su hogar y la compañía de su marido en semejante momento tan difícil. Y en busca de la respuesta salió a relucir la verdad de este matrimonio por conveniencia, que en el 2005 cerró uno de los peores escándalos de la realeza.

“Esta es la historia de dos personas cuya relación fue idílica mientras fueron amantes por más de 30 años, pero que han descubierto que las cosas no son las mismas luego de hacerles caso a los que les aconsejaron casarse”, dijo el Mail.

Hay que recordar cómo el príncipe Carlos le fue infiel con Camilla a su esposa, la princesa Diana, durante todo su matrimonio. Cuando ella murió en 1997 el camino les quedó libre para vivir públicamente su romance, pero los asesores del heredero le recordaron que en caso de que la madre de él, la reina Isabel, muriera, no sería bien visto que el nuevo rey estuviese con una mujer sin casarse, así que le recomendaron sus bodas con Camilla, hoy Duquesa de Cornwall.

Cinco años después, la decisión ya muestra su cara amarga. Antes del enlace, ellos se querían mucho, pero eran muy independientes, se veían cuando querían y tenían estilos de vida opuestos. Mientras que él es muy estirado, por ejemplo, ella es de lavar y planchar. Hoy, esas diferencias causan impaciencia y frustración en la pareja y sus propios empleados definen el ambiente de Highgrove como “tenso” y “muy desagradable”.

“No estamos hablando de una crisis o de ruptura”, dijo el Mail, pero la relación sí se ha enfriado: “Hay cierta electricidad sexual entre los amantes que tiende a disiparse tras varios años de matrimonio”, dijo en tono insinuante una viuda de la alta sociedad de Londres, conocida de Camilla de toda la vida, quien, además, no duda de que ellos aún se aman.

Carlos, por su lado, no es muy dado a cuidar de los demás, sino que siempre espera que lo atiendan. En el caso de la reciente incapacidad de su esposa por su pierna, contó un amigo de la pareja, fue muy solícito con ella, pero sólo en principio. “Por esos días un amigo mío le preguntó: ‘¿cómo está Camilla?’, y lo oyó quejarse una y otra vez de cuán inconveniente era que ella estuviera enyesada y en silla de ruedas, porque no podía ir con él a sus compromisos y cómo todo se había tornado tan difícil. Mi amigo estuvo a punto de decirle que todo aquello tampoco estaba siendo muy conveniente para ella”, relató otro informante al Mail.

Camilla, según el tabloide, por su parte, no termina de asumir el hecho de pertenecer a la realeza. Detesta el aire almidonado de la Corona, muchos de sus deberes reales y las reuniones con sus parientes políticos. Mientras que Highgrove le parece un museo y le da claustrofobia, en Raymill puede ser ella y darse a las cosas sencillas que hacía cuando era sólo la amante de Carlos: cuidar sus matas, consentir a sus perros y ver a sus amigos. Ahora, lo que más le interesa es ser la abuela de sus nietos Eliza, Gus y Louis, de su hija Laura; y de Lola y Freddy, de su hijo Tom.

La locura por los pequeños es tal, que mandó a hacer un ala especial para ellos en Raymill, cosa imposible en Highgrove, pues a Carlos, maniático del silencio, le molesta el ruido de los niños. Además, ella a menudo descarta sus deberes de anfitriona para estar con ellos. Así sucedió en la reciente visita del presidente francés, Nicolás Sarkozy, y su esposa Carla, a quienes ella no atendió por irse al bautizo de Gus y Louis. Todo eso molesta mucho a Carlos, dijo el Mail. “Camilla vive petrificada con lo que tendrá que vivir cuando Carlos se convierta en Rey”, dijo uno de sus viejos amigos. “Como virtual Reina, así sea de hecho, mas no de nombre (no podrá ser coronada por no estar casada por la Iglesia anglicana con Carlos), ¿le será fácil desaparecer y escaparse por unos días de vez en cuando a Raymill?”, se preguntó este testigo.

El caso es que los esposos reales han vuelto a la época en que no estaban casados, viviendo cada cual por su lado y, al parecer, de mutuo acuerdo. Quién lo creyera, dijo el Daily Mail, la mujer madura por la cual un príncipe azul despreció a una joven y bella princesa, ahora prefiere pasar mucho tiempo lejos de él, en su propio mundo.

Las chocheras de Carlos

Quienes la conocen, dicen que Camilla no se complica la vida por nada. Por eso, dice el Daily Mail, ahora le cuesta tanto lidiar con su esposo, quien desde joven se ha caracterizado por ser quisquilloso y sicorrígido. A sus 61 años, esas chocheras se le han agudizado y ello es otro de los motivos de las desavenencias entre la pareja.

Carlos, por ejemplo, es obsesivo con el aseo de la casa y tiene reglas muy estrictas acerca de dónde y cómo deben estar ubicados ciertos objetos.

Con la comida sucede otro tanto, pues sólo consume su propia agua, su propio té, sus propias frutas y verduras. Cada día depende más de sus 125 sirvientes, al punto de que se dice que es como un bebé. Nunca le ha puesto la crema dental al cepillo, porque tiene un camarero especial para eso. Tampoco sabe lo que es servirse un trago, ni ordenar los documentos en su billetera, porque todo se lo hacen. Su apego a sus asistentes es tal, que se pelea con Camilla cada vez que cree que ella les pone mucho trabajo.
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